viernes, 13 de febrero de 2009


No, mi amor, nada es como antes Permíteme que te llame así, ahora que he decidido dejar de amarte Sé que será difícil desterrarte de este hueco en el que te tenía acomodado, aquí, en mi pecho Sin embargo, dadas las circunstancias, será lo mejor No menguará mi dolor, pero me dejará llevarlo con más dignidad Es cuestión de tiempo Sé que algún día habrá de extinguirse esta inquietud, al fin y al cabo no serás el primero ni el último que pase por mi maltrecho corazón No soy fuerte, sé que lo sabes Aún así, deja que te diga que me consuela saber que me echarás de menos Sí, tengo la absoluta certeza de que lo harás cuando recuerdes las noches en que acurrucaba tu corazón entre mis manos, cuando sientas que te abandona el calor con el que protegía tus sueños (esos que rompías en cada batalla y que yo remendaba en silencio mientras tu voz se prolongaba en la protectora oscuridad) Sé que también echarás de menos mis manos apartando el pelo de tu frente para dejar la huella de tibieza de unos labios entregados Me pregunto si echarás de menos también el susurro de mi voz pronunciar tu nombre, y el escalofrío que te recorría justo después El suspiro arrebatado que provocaba tu aliento en mi nuca, o mi respiración entrecortada Demasiadas preguntas, demasiadas suposiciones Por todo esto, que no te extrañe si mi jardín ahora desangelado, ya no te recibe con su aroma a albaricoque y azahar Si no te espera al abrir mi puerta ningún bizcocho recién hecho en la alacena ni nadie que acerque a tu boca un pedazo de la masa aún caliente Si no descansan junto al arcón las sabanas que acunaban ramilletes de lavanda cortados en tu honor Que no te extrañe, mi vida; si mis manos guardan ahora memoria de otros cuerpos, que no son el tuyo Si mis oídos se estremecen al amparo de una voz desconocida Si mis labios aprenden a susurrar otros nombres Si mi boca sabe morder otros labios Si no es ya tu perfume el que impregna mi piel Porque me cansé de ser tu reducto de paz, a la que acudes cuando la tensión fragua, tu despensa de mimos, la que acuna tus deseos cuando otras no los sacian Que sean ellas las que te adoren con el mismo cuidado y devoción con que lo hacía yo, y que no descubras nunca que sus palabras son efímeras, sus cuidados estudiados y sus sentimientos pasajeros Ve, y sigue tu camino, solo, porque yo ya no estaré ahí para protegerte Aquí nuestros caminos se separan y es aquí donde sacrificada mi esperanza en el altar de tus voluntades, te esperaré inútilmente