En su abrazo conocí el mismísimo edén y en su amistad la dura realidad. Sencillo es expresar lo que dice la razón, difícil lo que opina un corazón. Comprendí que no era un juego jugar con el amor.
Y acá me vez unos años después, ya cambiamos los dos, no somos los mismos, Ni tú la que quiere mi amistad ni yo el que juega con la soledad. Nuestro dudoso destino me desconcierta un tanto ya ves,
Pero si de algo estoy seguro amor, es que nuestro idilio no acabara jamás.